
La ergonomía estudia la relación entre las personas, su puesto de trabajo y las herramientas o equipos que utilizan a diario. Cuando esa relación no está bien resuelta, aparecen señales tempranas —incomodidad, fatiga, dolores puntuales— que suelen pasar desapercibidas hasta que se convierten en una lesión musculoesquelética.
Detectar esas señales a tiempo es más simple y mucho más económico que tratar una lesión ya instalada. Por eso, la evaluación ergonómica de los puestos de trabajo es uno de los pilares de cualquier programa de salud laboral serio.
Señales de riesgo a las que prestar atención
- Posturas forzadas o mantenidas durante períodos prolongados.
- Movimientos repetitivos de manos, muñecas u hombros.
- Levantamiento o transporte manual de cargas sin pausas ni ayudas mecánicas.
- Superficies de trabajo, sillas o herramientas que no se ajustan a la persona que las usa.
- Aumento de licencias médicas o quejas informales por molestias físicas.
Qué incluye una evaluación ergonómica
Un relevamiento ergonómico completo analiza el puesto en su contexto real: postura, esfuerzo, frecuencia de movimientos, tiempos de exposición y las características propias de cada trabajador. A partir de ese diagnóstico se priorizan las mejoras —organizativas, de diseño del puesto o de capacitación— y se define un seguimiento en el tiempo.
Cuando la tarea incluye levantar, bajar o transportar cargas, ese análisis se apoya además en criterios técnicos específicos, como los que establece la norma IRAM-ISO 11228-1, que permiten cuantificar el riesgo y no depender solo de la percepción.
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